¡Estamos en Alerta Roja! Velando en los Últimos Tiempos

Vivimos en una época convulsada, saturada de incertidumbre y de acontecimientos que sacuden las bases de nuestra sociedad. Para muchos, el panorama actual genera pánico o desconcierto; sin embargo, para el creyente, cada acontecimiento es una señal clara de que debemos permanecer despiertos espiritualmente, firmes en la fe y con la mirada puesta de forma inamovible en Jesucristo.

En Mateo 24:3-14, los discípulos se acercaron a Jesús en el Monte de los Olivos con una inquietud profunda sobre el fin de los tiempos y las señales de Su venida. La respuesta del Maestro no fue para infundir temor ni para alimentar especulaciones estériles, sino para entregar una advertencia pastoral urgente: la necesidad de discernir el tiempo y velar.

Jesús anunció que seríamos testigos de dolores de parto en la creación —guerras, rumores de guerras, pestes y terremotos—. Pero la advertencia más solemne del pasaje no se refiere a los desastres externos, sino a la condición interna del corazón: “Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (v. 12). La peor amenaza de los últimos tiempos es la apatía espiritual, la rutina y el enfriamiento progresivo de nuestra pasión por Dios.

El desafío de perseverar y la urgencia de velar

Ante este diagnóstico de «alerta roja», el Señor nos deja un mandato categórico que exige firmeza: “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (v. 13). La vida cristiana no es una carrera de velocidad, sino de resistencia. Perseverar significa mantener la postura de fe, la integridad y la devoción a pesar de la presión cultural, la oposición o las dificultades cotidianas.

Estar en alerta no implica encerrarse a contemplar el deterioro del mundo, sino acelerar la tarea encomendada. El mismo pasaje declara que el evangelio del Reino será predicado en todo el mundo para testimonio a todas las naciones antes de que venga el fin (v. 14). La mejor manera de velar es estar ocupados en la Gran Comisión, llevando la verdad de Cristo con amor, convicción y entrega a quienes nos rodean.

Más adelante, en Mateo 24:42-44, Jesús refuerza la urgencia de nuestra preparación: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.” Velar significa estar con la lámpara encendida, con el aceite del Espíritu Santo abastecido y con una vida transparente ante la presencia del Señor.

Que esta palabra active un llamado de atención a nuestras vidas. Es tiempo de sacudir la pereza espiritual, mantenernos sobrios, cuidar nuestra comunión familiar y vivir cada día con la plena certidumbre de que nuestra victoria y salvación están en Él.

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