Jaramijó, ecos del terremoto. La ayuda de Cristo en el momento oportuno

Sin dudas el 16 de abril será un día recordado no solo en nuestras memorias sino también en nuestros nervios, nuestro cuerpo y nuestra alma. A  pocas horas del terremoto de 7.8 que afecto a las provincias de Manabí y Esmeraldas la ayuda humanitaria se activó en diversos partes de nuestro país.

Fue impresionante como cada persona tenía un deseo de ayudar de socorrer a nuestros compatriotas afectados, llego ayuda internacional nuestros líderes políticos hicieron alado un momentos sus rivalidades y comenzaron a trabajar; en poco tiempo se armó una cadena  de abastecimiento a las zonas afectadas, caravanas salían llevando la ayuda y mensajes de esperanza.

La ayuda humana es importante y la ayuda espiritual mucho más. Nuestra Iglesia Centro Cristiano Elohim Durán respondió al llamado y comenzó a trabajar. Nuestra responsabilidad era mayor pues no solo llevaríamos ayuda humanitaria (alimento,  ropas y medicinas); llevaríamos algo más importante  consuelo de lo alto.

La iglesia se movió como una sola recolectando las donaciones, desde el menor hasta el mayor todos juntos bajo un solo pensar ¡hay algo que hacer!.

Buscando un transporte.

El Señor siempre nos ha sorprendido con su fidelidad, siempre envía el socorro al momento oportuno. Las donaciones llegaban hasta la casa de nuestra pastora Mónica Durán, sin embargo faltaba  lo más importante ¿Cómo trasladábamos esta ayuda? No era suficiente con ir a dejarla a los centros de acopia la ayuda debería de llegar a las manos de quien los necesitaba. Varias penurias se pasaron buscando transporte;  muchos estaban volcados ya en enviar la ayuda y otros tenían temor de ir a aventurarse  a las zonas afectadas debido a las constantes replicas.

A pocas horas de  la fecha señala teníamos todo listo, las donaciones, las manos, las ganas, la pasión por servir…. Pero no teníamos transporte. El Señor una vez más manifestó su amor y nos proveyó de un camión en donde podríamos viajar. Nuestra consigna era simple llevamos la ayuda humanitaria, compartimos la palabra de Dios y serviríamos; prepararíamos un almuerzo para todas aquellas personas que se acerquen a escucharnos.

Teníamos el carro, las donaciones, la cocina industrial y la pasión por el servicio 3:00 am partimos a Jaramijo.

El viaje momentos de alegría, momentos de dolor.

La mayor parte de la madrugada varios de nuestros hermanos  de la iglesia aprovecharon  el viaje para descansar, sabíamos que al llegar habría mucho trabajo que hacer.  Todos teníamos el mismo sentir, nadie imaginaba lo que nos esperaba.

La caravana de ayuda nos alcanzó y nos unimos al tráfico de autos que llevaban ayuda humanitaria a los necesitados. Hicimos una parada en la parroquia Cascol, Pajan, Manabí para abastecernos y poder  tomar la ayuda que habían preparado nuestros familiares y amigos gracias a todos ellos por su buen corazón.

Conforme nos acercábamos a nuestro destino el panorama cambiaba habían casas caídas, niños pidiendo ayuda; fuimos muchos los que tragamos nuestras lagrimas nos alentábamos unos a otros  teniendo nuestra mirada en la meta Jaramijo. Llegamos al centro de Jaramijo la necesidad volvía a muchas personas inhóspitas fue necesario solicitar la ayuda policial alguno. Ante esta realidad no  sentimos vergüenza en decir que  a más de uno lo invadió el temor algunos llegamos a pensar “solo entreguemos la ayuda humana y regresémonos” sin embargo Dios tenía otros planes.

En el albergue provisional Emanuel

Fuimos dirigidos hasta un  albergue que antes del terremoto funcionaba como  escuela, la necesidad era evidente, pusimos manos a la obra.  El Señor nos permitió realizar lo planeado se repartió la ayuda, se predicó el evangelio, servimos un buen almuerzo a los afectados y sobre todo vimos la gloria de Dios.

Algo que cautivo nuestros corazones y nos llenó completamente fue  el ver como las personas literalmente corrían  y no dudaban en aceptar a Jesús como Señor y Salvador. Nos unimos al dolor y a la esperanza lagrimas corrían por nuestros rostros.

Realizada la labor nos dispusimos a saber más de la vida de muchos de ellos, testimonios desgarradores, otros nos contaban como inexplicablemente se salvaron. Todos coincidían  en un solo pensar habían recibido otra oportunidad.

Al regresar se escuchó la voz de todos los afectados en el albergue “por favor no se olviden de nosotros”; las palabras de agradecimientos no se hicieron esperar  pero sin duda fue  el comentario de una dulce abuela que aferrada a su silla de ruedas nos supo decir “Gracias nunca había conocido hermanitos como ustedes”.