La fiesta de la Cosecha, fiesta de alegria

La Fiesta de los Tabernáculos es un tiempo para celebrar la presencia, el reposo, la bendición, el gozo y la gloria de Dios en medio de Su pueblo.

cosecha

“Celebrarás la fiesta solemne de los Tabernáculos durante siete días, cuando hayas hecho la cosecha de tu era y de tu lagar. Te alegrarás en tus fiestas solemnes, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, y el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda que viven en tus poblaciones. Durante siete días celebrarás la fiesta solemne en honor de Jehová, tu Dios, en el lugar que Jehová escoja, porque te habrá bendecido Jehová, tu Dios, en todos tus frutos y en todas las obras de tus manos, y estarás verdaderamente alegre.” (Deuteronomio 16:13-15)

INTRODUCCIÓN
Su nombre en hebreo es Sukkot (tienda, enramada, cabaña). Se celebra el 15 del séptimo mes (Eitanim-Tishri). Se celebra por siete días y en el octavo había otra convocatoria (Levítico 23:34-43). Y se celebraba en el tiempo de la cosecha de los árboles (frutos).
En esta Fiesta solemne se entregaban todo tipo de ofrenda.
Se celebraba en tiendas y enramadas. Y en su diseño y celebración se usaban cuatro diferentes tipos de ramas:
Ramas con fruto de árbol hermoso, de palmera, de árboles frondosos y sauces.

EL Objetivo principal que Dios estableció para esta fiesta fue que el pueblo recordara que ellos habitaron en tiendas durante su travesía en el desierto; y que recordaran que Dios también habitó en medio de ellos en el Tabernáculo de Reunión (Lev. 23:42-43):
“En tabernáculos habitaréis siete días; todo natural de Israel habitará en tabernáculos, para que sepan vuestros descendientes que en tabernáculos hice yo habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo, Jehová, vuestro Dios.”

SIGNIFICADOS

CELEBRACIÓN DE LA PRESENCIA DE DIOS

(Éx. 33:1-23) Dios le prometió al pueblo de Israel que Su presencia iría con ellos durante todo el trayecto que les llevaría a la tierra prometida. El Tabernáculo de Reunión que Moisés edificó según directrices divinas, la nube y el fuego dieron muestras claras y contundentes de la presencia y protección de Dios.

El apóstol Pedro en su primer mensaje, después de la venida del Espíritu Santo (Pentecostés), ratificó y confirmó el pleno cumplimiento de esta promesa dada por Dios al pueblo que recibe por fe a Jesús como el Mesías Salvador (Hch. 2:38-39).

CELEBRACIÓN DEL REPOSO DE DIOS
Como vimos arriba esta Fiesta se celebra en el mes séptimo (7) del calendario, en el día quince (7+7+1) y cierra un ciclo de siete (7) meses. Y hemos aprendido que el número siete representa el Tiempo de Dios, Su Tiempo de reposo para todos sus actos y eventos creativos.

En Su diseño de vida para el hombre, Dios quiere que después de una jornada laboral de siete meses, Su pueblo more con Él, que entre en Su reposo, durante siete días. Este mismo ciclo de descanso y labor lo observamos en el ciclo de los siete días de la semana.

Este diseño comienza con la Fiesta de la Pascua, al inicio del calendario, y que recuerda y proclama la liberación espiritual y física que Dios opera a favor de todos aquellos que creen y esperan en Él (salvación). Y este diseño culmina con la Fiesta de los Tabernáculos, la séptima en el calendario, que recuerda y proclama la promesa de Dios de habitar en medio de Su pueblo y darles reposo de sus obras (habitación).

CELEBRACIÓN DE LA BENDICIÓN DE DIOS

Hemos dicho arriba que esta Fiesta se daba en la estación de otoño, durante la cosecha de los frutos de los árboles (Lev. 23:39-41). Así que era otra oportunidad para celebrar la provisión y bendición de Dios para todos aquellos que le creen y le siguen, de acuerdo a Su voluntad expresada en Su Palabra (Sal. 1:1-3).

La Biblia describe al pueblo de Dios como árboles; y eso lo vemos claramente en el primer Salmo. Y no podía faltar en la gran y última Fiesta solemne del Señor. En esta Fiesta hay cuatro árboles representados y cada uno ilustra y simboliza una característica del pueblo que obedece al Señor. Para esta ocasión se usaban ramas con fruto de árbol hermoso, ramas de palmas, ramas de árboles frondosos y de sauce.

SIGNIFICADO DE LOS ÁRBOLES

Con las ramas de estos cuatro árboles se hacía un ramillete comúnmente llamado “lulav-etrog” y también con ellas se edificaban o decoraban las tiendas o enramadas.

1. El árbol del fruto hermoso se trataba del citrón (Heb. Etrog), y representaba a los extranjeros o gentiles que habitaban en medio del pueblo hebreo (Dt. 16:13-14). La Fiesta de los Tabernáculos es una de las fiestas del Señor en la que Él da claras instrucciones y promesas para que las naciones extranjeras participen y disfruten de Sus bendiciones. En el libro del profeta Zacarías se dan claras promesas que aún en el reino mesiánico se celebrará esta Fiesta (Zac. 14:16-19); y en Apocalípsis se declara de manera triunfante el pleno cumplimiento de esta Fiesta, cuando el Tabernáculo de Dios descienda del cielo para morar con los hombres (Ap. 21:1-4).

2. Las palmeras (Heb. Lulav; por lo regular palmas de dátiles), y representaba al justo, a quien se le da las promesas de morar en la Casa de Dios (Tabernáculo), florecer, fructificar, ser sanos y fortalecidos en Su presencia (Sal. 92:12-15). Da gozo ver en las Escrituras del Nuevo Pacto, que los justos, los redimidos por medio de la sangre del Cordero de Dios (Jesucristo) celebran la salvación de Dios “con palmas en las manos” (Ap. 7:9).

3. Los árboles frondosos se trataba del Mirto o Arrayán (Heb. Hadasim, de Hadasa, gozo), y representa al creyente victorioso, a quien se le da la promesa que el gozo victorioso de Dios le acompañará en todo lo que haga. Este árbol por su grato aroma o perfume se usaba para celebración de bodas y otras festividades, además que su nombre en hebreo propiamente significa gozo, celebración. La reina Ester (nombre de origen babilónico de la diosa Ishtar) llevaba por nombre Hadasa, y aunque fue huerfana de padre y madre, por cuanto aprendió a morar en la presencia de Dios, con oración y ayuno, Dios la usó para traer gran gozo y salvación al pueblo de Dios (Ester 2:7; 4:14-17; 9:16-19).

4. El árbol de Sauce (Heb. Aravot), y representa al creyente bendecido, a quien se le da la promesa que será prosperado por Dios en todas las áreas de su vida (Is. 44:4, Ez. 17:5; Sal. 1:3). El sauce es conocido como “el árbol de los arroyos”, que crece en donde hay corrientes de aguas, por eso ilustra a una persona que crece, se mantiene fresca, verde y es fructífera.

El mensaje del Señor es que toda persona (sea hebrea o extranjera) que mora en Su presencia, que hace morada en su vida para Él, va a desarrollar y manifestar estos atributos y virtudes: Su justicia, Su gozo y Su bendición todos los días de su vida. Y este mensaje es claro también en el Evangelio de Jesucristo, predicado por los apóstoles: todo creyente que está lleno y guiado por el Espíritu Santo de Dios manifestará el Fruto del Espíritu (Gál. 5:22-25; 2Pe. 1:3-8 ).

CELEBRACIÓN DEL GOZO DE DIOS

En el Nuevo Testamento, específicamente en el Evangelio según el apóstol Juan, en los primeros capítulos nos narra con un lenguaje simbólico y espiritual un nuevo comienzo: el nuevo aión (tiempo) del Espíritu proclamado por Juan el bautista e iniciado por el Maestro de Galilea, en el río Jordan y en la boda de Caná (Jn. 1:1-2:11). En una fiesta de Canaán, con su primera señal, Jesús narró lo que sería el principio y el final de Su vida.

Dejaremos para otra entrega la interpretación y explicación que hay entre la narración de la participación de Jesús en la boda de Caná de Galilea y las Fiestas solemnes de Jehová.

Por ahora podemos decir aquí que con esta señal el Maestro de Galilea, en el contexto de una boda, anunció el inicio de un nuevo tiempo de celebración, de gozo en el Espíritu, representado aquí por el vino (Jn. 2:1-11). Y otra vez podemos observar la relación entre las Fiestas de purificación (Pascua, Panes sin levadura y el Perdón) con las Fiestas de gozo o cosecha (Pentecostés y Tabernáculos). Seis (6) tinajas para la purificación (Jn. 2:6) son llenadas completamente (7) y se convierten en vino (Jn. 2:7-10), trayendo “nuevo gozo” a la boda, pues el vino (el gozo) se había agotado (Jn. 2:1-3).

En otro momento festivo, el apóstol Juan también nos narra el anuncio que hace Jesús sobre sí mismo. En Juan 7:37-39, vemos que “en el último y gran día de la fiesta”, que es una clara referencia al último día de celebración de la Fiesta de los Tabernáculos (Lev. 23:36), Jesús se puso en pie en medio de la procesión que se hacía desde el Templo hacia el pozo o estanque de Siloé y viceversa, y que según los libros de la tradición judía (la Mishná y el Talmud) consistía en una procesión en extremo gozosa, de mucho regocijo; y que consistía que grupos de sacerdotes, dirigidos por el Sumo sacerdote, cada día extraían agua del estanque de Siloé en jarras de oro y plata, para ser rociadas (como libaciones Lev. 23:37) en el altar del Atrio del Templo. En el último día, cuando la Fiesta estaba en su máxima expresión de gozo y regocijo, Jesús “alzo la voz, diciendo: ‘Si alguno tiene sed, venga a mi y beba. El que cree en mi, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva'” (Ez. 47:1; Zac. 14:8). Y el apóstol acota que eso lo dijo refiriéndose al “Espíritu que habían de recibir los que creyeren en él” (Jn. 7:38). El mensaje es claro: Jesús el Mesías Salvador, ¡Él es la fuente del verdadero gozo del Espíritu en la presencia de Dios!

CELEBRACIÓN DE LA GLORIA DE DIOS

Y culminamos con otra historia que los otros tres evangelistas coinciden en narrar. Se trata de la transfiguración que Jesús hizo ante tres (3) de sus discípulos, después de haber transcurrido seis (6) días ( Mt. 17:1-8; Mr. 9:2-8; Lc. 9:28-36).

Subieron al monte a orar y en ese proceso la apariencia del Maestro cambió, sus vestidos emblanquecieron y se hicieron resplandecientes. Es imposible no relacionar esta experiencia con la gloria manifiesta (shekinah) de Dios en el pasado. Y en especial cuando aparecen en escena Moisés y Elías, dos de los grandes profetas que vieron la gloria de Dios como ningún otro (Éx. 34:5-8; 1Rey. 19:8-13).

La reacción del discípulo extrovertido y con mayor iniciativa no se hizo esperar, Pedro le propone al Maestro celebrar la Fiesta de los Tabernáculos, le propone hacer sukkats (enramadas), pero inmediatamente la realidad se impone sobre las sombras, mientras él hablaba una nube de gloria “los cubrió” y una voz (shofar) salió de ella que decía: “Este es mi Hijo amada; a él oíd” (Lc. 9:34-35). Los aprendices apóstoles pasaron del gozo al temor reverente, pero definitivamente deseaban celebrar la gloria de Dios manifestada en ese momento.

Este último significado, celebración de la gloria de Dios, es el más frecuente cuando hablamos del Tabernáculo de Dios; así que la Fiesta de los Tabernáculos se trata es de la gloria de Dios, de la gloriosa y gozosa presencia de Dios en medio de Su pueblo (Éx. 40:34-35; Dt. 31:15; 2Sam. 6:17-19; 2Cró. 7:1-3; Sal. 16:11; 23:5-6).

CONCLUSIÓN
La invitación de esta séptima Fiesta solemne de Jehová es a regocijarnos en Su presencia, que deseemos Su gloria, gozo, provisión y bendición, que Él está más que listo y dispuesto para darnos.

Nuestra oración, nuestra constante oración, no puede ser otra que pedirle para que Su Santo Espíritu fluya de nuestro ser, nuestro corazón, con Su gozo, con Su fruto y con Su gloria para ser bendición a todos los que nos rodean, aún hasta lo último de la tierra. Que Jesucristo, la fuente de nuestro gozo y de nuestra vida, sea cada día formado en nuestro ser, de manera que reflejemos su imagen y gloria dondequiera que vayamos.

 

Fuente: http://haypazcondios.blogspot.com/

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